jueves, 28 de octubre de 2010

El Vigilante Palido

El Vigilante Pálido
Por: Darío Valle Risoto


De los peores oficios que existen tal vez tenga uno de los puestos destacados, ser guardia de seguridad. Pedro entró a trabajar en ello porque ya estaba cansado del desempleo y aunque el sueldo era demasiado escaso, al menos era un trabajo.
Luego de un día agotador donde le dieron la instrucción adecuada y tras escuchar durante horas y más horas todo lo concerniente a sus obligaciones como guardia, volvió a su casa cargando la bolsa con los dos uniformes muy cansado y con un sentimiento de  derrota.
Se durmió inmediatamente, dos días después le adjudicaron un puesto de sereno nocturno en unos depósitos de la Unión Ferroviaria más o menos cerca de su casa. Había pedido el turno de la noche pensando que era mejor luchar contra el sueño que verse en dificultades durante el día soportando jefes y demasiada gente alrededor.
Se presentó en una caseta exterior sobre la calle Aparicio Sarabia donde un gordo que masticaba de un sándwich le miraba como si estuviera fuera de ambiente, dentro de su uniforme marrón.
__ Andá a la caseta numero seis que queda para allá, ponete el carnet bien visible sobre el bolsillo derecho de la camisa y no te aflojes la corbata que a los supervisores no les gusta nada y te pueden sancionar.
A unos trescientos metros entre unos galpones de chapa oxidados y restos de viejas máquinas se encontraba una caseta diminuta de fibra de vidrio con el distintivo de la compañía, adentro dormitaba un tipo de raza negra y prominente abdomen mientras escuchaba cumbias de una pequeña radio semi rota y arreglada con cinta adhesiva.
__ Buenas tardes, soy Pedro Marticorena.
__ Te dejo la radio, cuidala. __Le dijo el tipo que se subió a una bicicleta y se retiró cargando una mochila mugrienta.
Eran las seis de la tarde apenas pasadas, le quedaban doce horas por delante donde debería luchar con el sueño y hacer rondas cada quince minutos por su sector de perímetro entre galpones y restos herrumbrados de lo que fueron los ferrocarriles del estado. En un cajón descansaba una pistola calibre treinta y ocho que ni siquiera tocó. Se aflojó la corbata y revisó su mochila, por suerte no se había olvidado del café y dos emparedados de atún.
Media hora después comenzaba a dormitarse pero felizmente tenía que hacer la primera ronda, recordó que debería llenar un parte con las “novedades” cumpliendo con el reglamento. Se arregló la corbata, tomó un sorbo de café y comenzó a caminar por los senderos observando hacia el vallado para constatar si nadie trataba de entrar a robar o algo.
A lo lejos ladraban unos perros, al dar la vuelta, frente suyo estaba una de las entradas laterales y junto a la caseta había estacionado uno de los autos de los supervisores que de tanto en tanto recorrían los distintos servicios de la compañía, no tuvo más remedio que presentarse al tipo que con mala cara rezongaba a otro vigilante porque lo había encontrado dormido.
__ Por esto te vas a quedar sin presentismo este mes Rodríguez.
Pedro saludó y regresó a su puesto tras firmarle el formulario al supervisor.
Cuando llegó a la caseta divisó que alguien había pasado por allí porque le habían anotado un saludo en un pequeño papel que dejaron sobre el parte.
__ “La funcionaria María Forteza se presentó a las 18:35 a pedirle la radio prestada, puesto número cinco”.
Pedro sonrió, tomando la radio comenzó a recorrer el camino en el sentido contrario de donde había regresado y tras pasar el sector de grandes galpones encontró una amplia zona de pastos crecidos y grandes silos de madera y hierro.
__ Buenas tardes, te traigo la radio.
__Gracias como sabía que venía el nuevo no quise traérmela sin pedir permiso.
__ Soy Pedro Marticorena, se puede quedar con ella, no sabía que había damas en el horario nocturno y mucho menos en este tipo de servicios. __ Dijo recorriendo la vista en el entorno bastante agobiante a medida que se hacía de noche.
__ ¿Damas?, ¿Dijiste: Damas?
__ ¿?
__ Bueno, sin duda que no sos tampoco la clase de personas que trabaja en esto, por lo tanto vos que hablas bien, yo que soy mujer y Eduardo somos los tres raros de la empresa y todos estamos aquí.
__ ¿Eduardo?
__ Ah, claro, entraste hoy, ya lo vas a conocer, le dicen “El Vampiro”, es muy raro el tipo, te cuento que es el único que no me ha querido levantar de entre los doce que cuidamos el predio.
Pedro la saludó y se fue, era casi la hora de regresar a su cubículo, ya tenía ganas de renunciar, no sabía cuanto tiempo más iba a tener que cumplir con tantos reglamentos al pedo.

Pasó más o menos una semana, se cogió a su compañera más o menos tres veces desde su primer día y aún no había conocido al “Vampiro” hasta que una noche uno de los supervisores llegó justo cuando dormía como un tronco.
__ Usted sabe que no se puede dormir en su puesto, la próxima vez le quito el presentismo, ahora pasa porque es nuevo, ya sabe.
El supervisor se subió al auto y se retiró.
__ ¡Andá a la concha de tu madre, milico puto!
Pensó nuevamente en renunciar y fue cuando vio algo extraño, fue como una sombra que había trepado por una pared vertical en uno de los depósitos de durmientes.
Con muy pocas ganas sacó el revolver y los colocó en su canana, luego eligiendo la linterna de larga distancia, se calzó el sombrero y caminó rumbo al enorme edificio tratando de alumbrar en la dirección donde había visto la sombra.
Se le cansó el brazo dirigiendo el haz de luz en dirección al galpón y nada, se convenció de que solo había sido su imaginación pero al darse vuelta para volver a la garita casi se muere del susto.
Un guardia de extrema delgadez y mirada penetrante le observaba curioso y tras titubear le dio una mano fría que le apretó la suya con inusitada fuerza.
__ Eduardo O’connor para servirte.
__ “El Vampiro”, perdona, María me dijo que así te llaman.
__ A vos ya te pusieron “el intelectual”, es casi un sacrilegio leer a Freud mientas tus colegas escuchan reguetón y miran revistas porno.
__ Bueno, estudio sicología durante las mañanas, me quedé sin trabajo en un laboratorio y terminé aquí. __ Dijo con desdén.
__ ¿Y por que “El Vampiro”?
__Es curioso como la gente más torpe y simple a veces da con el clavo. __ Dijo mientras mostraba dos colmillos extremadamente largos y sonreía.
__ ¡A la mierda!
__ No te asustes que dentro de unos días me voy a Europa, tomé este trabajo solo porque me gustan los trenes y aquí tienen muchas reliquias antiguas.

Fin

domingo, 10 de octubre de 2010

87 "Amanecer de los Muertos"

Neo Vampiros 87
Amanecer de los Muertos
Por: Darío Valle Risoto

Volver a aquellas imágenes no era bueno, el tipo lamiéndole los pechos con esa saliva hedionda, el olor a mugre en su cabello siempre permanecerá en sus peores recuerdos pero sigue viva y eso no es poco.
Paula llegaba rápidamente a Montevideo comiéndose las rutas con unas ansias inaguantables de encontrarse con Lorena, la extrañaba tanto que la garganta se le cerraba, era su amiga del alma esa extraña y diminuta chica más poderosa que el hierro y más triste que la muerte.
El ómnibus interdepartamental se detuvo en san José de Mayo, bajó a estirar las piernas, era media mañana y tenía hambre, la gente conversaba a los gritos como suelen hacerlo las gentes del campo, ella encontró un bar y se sentó tras pedir un Capuchino.
En la radio comentaban sobre la inminente derogación o anulación de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del estado, ella hacía tan solo un tiempo que comenzaba a sentir en su propia carne la tremenda dimensión de la historia reciente de un país que esconde cosas demasiado fuertes como para que no se asomen sea el tiempo que sea.
¿Cómo hubiera sido la vida de Lorena si hubiera vivido con sus padres?
La agobió el retorcido sentimiento de que gracias a la desaparición de los padres de su amiga durante la dictadura había sobrevenido el vampirismo y por consiguiente que se cruzaran sus vidas en alguna parte. Por lo pronto era estremecedora la idea de que gracias a esa terrible ausencia en la vida de ella, el futuro de Paula haya cambiado para siempre.

Se sintió mal, se sintió una verdadera rata, pero acaso: ¿Sus padres no la habían criado sin que le faltara nada?
Se rió a solas mientras agradecía el humeante vaso con el capuchino y le agregaba azúcar abriendo los pequeños sobres, al revolver supo una vez más que eran demasiado parecidas, a Lorena la dictadura le había quitado a sus padres y ella tenía unos lejanos progenitores en alguna parte de Europa que solo le habían dado dinero.
¿Cuándo fue la última vez que se había abrazado con ellos?
Una interminable línea de empleadas domésticas, nanas, cuidadoras, institutrices y todo para terminar cogiendo con maricones adinerados y jalando coca en discotecas de primera, los salones vips eran su vida y todo estaba irremediablemente hundido en las tumbas de la absoluta frivolidad.
El ómnibus hizo sonar su bocina anunciando que se terminaba la pausa, dejó unos billetes en la mesa y terminó de un trago su bebida caliente, al salir a la calle un sol cálido la envolvió en un fulgor dorado que hizo reflejo en sus cabellos. Podía darse aún después de todo el tremendo lujo de salir a la luz del día y encima sentirse bien.
Cuando iba a subir al vehículo escuchó que dos personas comentaban sobre lo que habían  escuchado en la radio, el tema de la ley que había soterrado la verdad no siempre era bien entendida por gentes incultas o lo que era peor: Sin sentimientos.

___ Que dejen todo quieto, eso es venganza.
Un hombre viejo le decía a una mujer muy gruesa que empujaba a un niño que lloriqueaba, todos subieron delante de Paula que casi dice algo pero prefirió buscar su  asiento y mirar a las calles
En ese momento Paula sonrío recordando alguna conversación con Lorena, en esas ocasiones en la enorme casona del Prado dónde intercambiaban pareceres de diversos temas, pero había uno recurrente desde luego.

___ Creo que a veces el odio y la venganza son malos consejeros. ___Había dicho Paula.
___ ¿Qué tiene de malo vengarse?
___ ¿Lo decís en serio?
___ Este mundo pacato aún sigue perpetuando la estupidez de dar la otra mejilla, el que hizo algo que pague, llamémosle justicia o venganza, poco me importa pero que pague carajo.
Lo recordaba hasta como si lo pudiera ver, Lorena se había levantado del sofá para servirse vino, estaban escuchando a Depeche Mode en el estéreo y Paula hacía horas que debía haber ido a dar un examen en la facultad de humanidades pero lo había olvidado completamente subyugada por la conversación.
___ ¿Realmente te sentís bien cuando aniquilas a uno de esos… torturadores, milicos….?
Lorena se ensombreció, trajo dos copas con vino que dejó en la amplia mesa de cristal, era invierno y las llamas de la enorme chimenea calentaban el lugar, las sobras de los bajo relieves del techo recorrían lejanas paredes a sus espaldas con ángeles y gárgolas.
___ Siento de todo, pero especialmente un gran alivio, cada vez que le rompo el cuello a uno de esos tremendos hijos de puta me parece escuchar los lamentos de sus torturados, los gritos desesperados de las mujeres que violaron, los llantos de los niños que robaron y regalaron por ahí.

La carretera poco a poco se acercaba a Montevideo, cerca del mediodía o poco después llegaría su confortable casa de Carrasco, era una lástima no poder comunicarse por celular con su amiga, pero pronto podría abrazarla y tal vez decirle que la comprendía, Leticia Luna le había enseñado algunas nuevas lecciones en esos días.

Juicio y Castigo.